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jueves, 30 de junio de 2016

Comunicación en crisis

En el marco de una experticia universitaria en la que estoy participando desde abril, durante dos semanas he estado escuchando a Cristina Pascual departir sobre comunicación en situaciones de crisis y la importancia de su prevención. En las sesiones he detectado la importancia de la gestión óptima de la comunicación en situaciones de crisis en las empresas, por lo que me tomo la libertad de trasladarte algunas pinceladas. Por ejemplo, centrar los conceptos de “crisis” y “comunicación de crisis”. Para la acotación de crisis utilizó la profesora la definición de Saura (2005), en el sentido de “situación grave que afecta a la empresa/institución/figura pública en alguna de sus funciones y con potencial de escalar en intensidad y/o perjudicar a sus públicos clave o grupos de interés o generar un impacto negativo en los medios o crear una imagen negativa ante la opinión pública o afectar los resultados o la viabilidad de la entidad/persona”, y para comunicación de crisis se apoyó en la noción de profesor Leal (2013), como aquel “conjunto de técnicas de comunicación destinadas a gestionar problemas derivados de la interacción humana, natural y tecnológica, buscando, por un lado, frenar la crisis y, por otro, que la pérdida de crédito y de capital en imagen sea mínima” (Fuente de la imagen: pixabay).

En cuanto a la importancia de la prevención de las crisis, expresa Pascual que “la mejor crisis es la que se prevé”. Dentro de las fases de la gestión de una crisis, antes de nada hay que recordar quiénes somos, definir el conflicto, decidir a quién le corresponde el problema, pensar cómo puede evolucionar y prever situaciones, tomar una postura sobre el asunto, distribuir tareas, argumentario y elección del portavoz o portavoces. De manera casi paralela, hay que identificar los públicos con velocidad y precisión. La respuesta tiene que ser segura, empática y sin ambages, tomando siempre la iniciativa, es decir, ser fuente informativa, transparencia, creatividad, apoyarse en aliados, gestionar bien los tiempos y optimizar las ruedas de prensa. Finalmente, en referencia al plan de crisis, una vez decidido su elaboración e inventariado los distintos escenarios que se pueden registrar, se procede a la redacción del documento que, al menos, debe contener puntos tales como definición de los escenarios, alertas de la gravedad de la crisis, definir y constituir el comité de crisis, establecer el lugar físico donde trabajará el equipo de crisis, inventariar y consensuar materiales y cifras de la institución, valorar la procedencia de contar con equipo de crisis externos, nombrar portavoz o portavoces, establecimiento de procedimientos concretos en caso de crisis o la realización de simulacros.

martes, 9 de febrero de 2016

Robar el show


Hace casi una década, en el post “Hablar en público”, te contaba el embarazo que pasé en una exposición. El caso es que cuando la sala se silencia y todas las cabezas se vuelven hacia el ponente, la presión puede hacer acto de presencia mientras las luces enfocan. La manera como se gestione esos primeros instantes será trascendental para la exposición, el lustre y, obviamente, la confianza en uno mismo. Esta situación también se reproduce a otras escalas, ya sea en una entrevista de trabajo, una reunión con entidad financiera o un encuentro con un potencial cliente (fuente de la imagen: pixabay).

Te cuento lo anterior porque el domingo pasado terminé de hojear el trabajo del exactor Michael Port, Steal the Show: From Speeches to Job Interviews to Deal-Closing Pitches, How to Guarantee a Standing Ovation for All the Performances in Your Life[1], que traducido con mi ingles de los Montes de Málaga es algo así como “Sustraer la función (o Robar el show, aunque a mí me gusta más: Meterse el auditorio en el bolsillo): de los discursos a las entrevistas de trabajo, cómo garantizar una ovación de pie para todas las actuaciones en tu vida”, donde intenta explicar sus técnicas para salir airoso de esos momentos cruciales que todos tenemos, sufrimos o disfrutamos.

Para inspirar y persuadir, propone Port destrezas utilizadas por actores, de forma que se impregnen las presentaciones de claridad, ritmo, eficacia y éxito, controlando los nervios, insuflando a cada mensaje el máximo impacto en cada situación… Según Michael, cada interacción es una actuación y gran parte de mi éxito depende de si soy capaz de atraer e inspirar. Te dejo un vídeo, subido a Youtube por Brian Carter donde habla con Port sobre robar el show.


[1]Port. Michael.  Steal the Show: From Speeches to Job Interviews to Deal-Closing Pitches, How to Guarantee a Standing Ovation for All the Performances in Your Life. Editorial Houghton Mifflin Harcourt. 2015.

martes, 29 de diciembre de 2015

Groundswell

Por textos como “Sí puedorl” o el mismo “el run run del parqué”, sabes que aplico la frase “run run” para lo relacionado con movimiento, información, continuidad, flujo… y siempre dependiendo del contexto. Esta mañana lo utilizo para definir esa pleamar o marea de conocimiento alimentado por los clientes a través de los distintos medios de comunicación virtual, que los expertos anglosajones denominan “groundswell” y que a mí me gusta designarlo como “marejada comercial”, “clamor clientelar” o “run run marketeniano” (fuente de la imagen: pixabay). 

Con todo respeto a esos expertos, la base de groundswell no es otra que la tradicional “escucha” de los “susurros de la pradera” de nuestros ancestros, lo que traducido a la era tecnológica en la que nos encontramos inmersos consiste en utilizar, precisamente, esa tecnología que nos envuelve por doquier para filtrar y analizar las conversaciones que los clientes y terceros que pasan por allí, mantienen sobre nuestros productos o servicios. Por tanto, asumiendo la importancia de este monitoreo continuo, deberé promover la aplicación de recursos en esa línea, con el objetivo, también solariego, de desplegar y optimizar la función comercial.

martes, 11 de noviembre de 2014

Concreción del mensaje

Crecida marea de información existente en el actual tejido económico y social que obliga a la ciudadanía a purificar el ambiente de antecedentes, noticias, fundamentos, testimonios y reseñas que nos envuelve. Estamos incesantemente empapándonos de información, pero nuestro aforo de digestión mental tiene una concreta y no tan amplia demarcación. Como en la edificación, en la comunicación alcanzar la minúscula locución es substancial, por lo que se debe concretar el mensaje, forjándolo escueto y no impreciso o confuso, de forma que entre en la mente del interlocutor y, obviamente, permanezca. ¿Cómo? No tan difícil. El camino se encuentra en el conocimiento de aquel mensaje que impacte al oyente, es decir, el quid de la cuestión habita en el mensaje en sí, no en el servicio o en el producto que pretendo ofrecer (Fuente de la imagen: rvs).

miércoles, 9 de julio de 2014

Elementos del proceso de comunicación

Me preguntó el querubín qué estaba haciendo. Le dije que “haciendo como que estudiaba” los elementos del proceso de comunicación. Siguió interesándose por el tema y me puse a leerle las ideas claves donde se describía al emisor, la fuente, el origen de la comunicación, sujeto del que parte el mensaje intentando generar un efecto comunicativo en el segundo elemento, el receptor, destinatario (individual o colectivo) que recibe la información y que es importante que disponga de las habilidades para comprender el mensaje, esas ideas o pensamientos que se quieren transmitir en forma de un código que debe ser conocido tanto por el emisor como por el receptor para que tenga éxito y que conforma el contenido de la comunicación.

Por supuesto, no hay que olvidar la vía a través de la cual se transmite el mensaje del emisor al receptor, “o sea se”, el canal, y ese cúmulo compacto de circunstancias que rodean o influyen de alguna manera el desarrollo del acto comunicativo y que conocemos como “contexto", que no sólo se refiere a elementos físicos, sino también psicológicos o emocionales. Finalmente, en el noventa y nueve por ciento de las comunicaciones que se precien, es fundamental la repuesta del receptor al mensaje, que, a su vez, envía otro mensaje al emisor retroalimentando así –iniciando de nuevo- el proceso comunicativo, lo que comúnmente se conoce como retroalimentación o feedback. Se fue con el ceño fruncido, apareciendo al rato con el dibujo que te dejo a continuación y un trozo en el encabezado del post y en el que me he tomado la libertad de insertar los elementos de la comunicación.

viernes, 30 de mayo de 2014

Dar la impresión

Según Emilio Molina[1], improvisar es crear a la vez que se ejecuta o ejecutar a la vez que se crea, es decir, concebir y ejecutar cualquier acción de forma simultánea, por ejemplo, mantener una conversación sin unas directrices previas, sin un guion, es improvisar, aunque pueda estar carente de una intención artística. Para Molina, nadie se maravilla con aquel que improvisa una conversación normal con su vecino, ni envidia al que sabe comunicarse con el tendero de la esquina; estas actividades se consideran normales, porque lo son, y, sin embargo, precisan de la utilización libre del lenguaje y por tanto suponen su conocimiento en profundidad.

Si consultamos el Diccionario de la Lengua Española[2], improvisar significa realizar algo sin haberlo preparado con anterioridad. Sin embargo, en el marco de la disciplina Comunicación Oral y Escrita, Jesús nos explicó que improvisar es dar la impresión de que las ideas fluyen sin dificultad y con soltura, o lo que es lo mismo, más bien de aparentar que se improvisa. Según las ideas claves desgranadas, el buen comunicador prepara y ensaya su discurso a conciencia para dar esa sensación. Por ello, en la preparación previa hay que reproducir en la medida de lo posible todas y cada una las circunstancias que se darán en el momento de pronunciar el discurso.

Por tanto, el inexperto orador debe recurrir a diversos "truquillos", desde escribir el discurso como si se estuviera hablando hasta la generación de errores conscientes en los ensayos y su solución, pasando por subrayado de palabras clave, anotaciones de puño y letra con anécdotas o ejemplos, lectura del discurso en voz alta para verificar el efecto y el ritmo, etc. Siguiendo con Emilio, son los valores estéticos o comunicativos de cada individuo lo que determinará la calidad del resultado. Pone el siguiente ejemplo: no es lo mismo el concepto de improvisación si nos referimos a un clarinetista de jazz que si utilizamos esa misma palabra en referencia a los balbuceos de un niño de cuatro años, pero ambos hechos son contemplados como improvisación dependiendo del punto de vista que se adopte. En fin. En esta crisis de órdago en la que estamos inmersos, como músicos de jazz o recién nacidos: ¡A improvisar toca! (Fuente de la imagen: sxc.hu)

[1] Molina, Emilio . La improvisación : definición y puntos de vista.. XXI.  pp. 78-94. 2008
[2] «Improvisar. (De improviso). 1. tr. Hacer algo de pronto, sin estudio ni preparación.» http://lema.rae.es/drae/?val=improvisar